Algunas cosas que todavía retiene mi inconsciente tras una reparadora semana en La Paloma:
1) Causa simpatía y ternura ver cómo los uruguayos tienen asimilado una suerte de complejo de inferioridad positivo respecto a todo. Más allá de referirse a su propia tierra como "paisito", a todo lo invade el diminutivo. La golosina más popular de la ROU es el Ricardito (primera vez que veo un nombre propio aplicado a un dulce) y el micro que te lleva de La Paloma a La Pedrera es... ¡Andresito! Es genial por partida doble, ya que Andresito fue un caudillo argentino colaborador de Artigas (link localista), y cómo el bus es diminuto le sienta perfecto un nombre así. No encontré fotos en Internet de dichos micros, pero puedo asegurar que su nombre es mucho más apropiado que Goliat, Tantor o Thor, ponele.
2) Previo a la siesta, solíamos hacer un zapping con parada obligatoria en los almuerzos de La Señora (no es nada para andar contando orgulloso, pero convengamos que la tele en verano no deja muuucha opción). En una mesa de ilustres entre los que se encontraban dos o tres gatienzos, Bruno Gelber y La Tota Santillán, la Chiqui le preguntó a este útimo: "¿Es cierto que trabajaste vendiendo panchos y te echaron porque te los comías todos?". La respuesta afirmativa por parte de su invitado me hizo sacar por conclusión que todo este tiempo estuvimos frente a una versión vernácula y tropical de Ingatius Reilly.
3) La Paloma tiene un ritmo ideal para bajar revoluciones, aunque quizás no sea el destino ideal para un viaje "joven". Por eso, fue un gran hallazgo encontrar a Bluzz, un bar simpático y muy bien musicalizado (escuchar Teenage Fanclub y M.Ward en La Paloma fue algo que nunca me hubiera imaginado). En una de esas noches, pusieron un disco que desconocíamos y nos gustó de entrada, acústico y de antaño. Me aproximé a la barra a preguntar de qué se trataba y la frase textual que recibí a modo de respuesta fue: "Es Jackson Céfran (sé que las graves van sin tilde, pero así lo acentuó mi interlocutor), sacó un solo disco en 1965. Nick Drake tocaba temas del vago". Procedimos a anotar en una servilleta los datos para buscar su disco a la vuelta, con todas las variantes posibles del apellido: Cefran, Sephran, Sefran, etc. Ya de regreso en casa, Wikipedia y All Music mediante, se develó el misterio: el tipo se llamaba Jackson C. Frank. Por si a alguien le interesa, el disco se llama "Blues run the game" y es sanamente recomendable.
martes 17 de febrero de 2009
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4 comentarios:
completísimo (si bien no encontraste foto de andresito, sí quedaste fotografiado en su interior y sosteniendo el boleto, no sé, pensalo)
y seguramente "la señora" le preguntó a Bruno Gelber como había sido su lucha contra la polio...
decime que no
Por supuesto que claro que no. Ante tal desfile de celebridades, Gelber cumplía una muy simpática función decorativa. Parece ser que en Producción se dieron cuenta que estaban cortos de centros de mesa y candelabros, así que lo llamaron a BG para hacer más vistosa la escena...
te puedo creer que esté de adorno Manolo Galván o Luis Aguilé, hasta inclusive que lleve de relleno a Chichilo Viale
pero Bruno es un amigo de la casa
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